9.8.07

Decalogo de un buen hereje

Por: Gabriel Silva Lujan

Cuando el orden existente, los sistemas de pensamiento, las estructuras de valores y la vida cotidiana, con su carga de "sentido común" empiezan a ser insuficientes, vacíos, para explicar lo que sucede, es cuando nace la herejía.

Y, por lo general, nace para formular soluciones reales. El surgimiento de las herejías, con su carga de vestiduras rasgadas y clamores horrorizados, siempre es el mejor indicador anticipado de cambio.Quizás por eso es que los guardianes del status quo tienen una especial antipatía por los herejes y nunca han podido aceptar que de nada sirve la persecución, la indiferencia o el desconocimiento, e incluso la violencia, para detener una herejía a la cual le ha llegado su hora y su momento. Las herejías que surgen en esas coyunturas éticas, en esos momentos de cataclismos sociales, tienen casi siempre la ocasión de convertirse en el eje de un nuevo sistema de pensamientos, en referencia de un universo en ascenso.

Es necesario mirar la historia, próxima y lejana, desde la perspectiva que aquí estamos proponiendo. ¿No fue Cristo un hereje que desafió al imperio más poderoso de la antigüedad? ¿Cómo calificar distinto que una herejía al sueño de Bolívar de liberar a estas tierras de la monarquía que regía a Europa? ¿Qué tal Galileo, que le cambió de lugar a la tierra y la pasó del centro del universo a una modesta periferia? ¿No fue una herejía creer que la tierra es redonda, o que la gravedad existe, o que el tiempo es relativo o que la energía no es más que un múltiplo de la materia? ¿O que el hombre evolucionó de los homínidos, que los dinosaurios desaparecieron por un cataclismo espacial?

Todas esas verdades y hazañas, que reposan hoy inofensivas en los libros de texto, que a nadie escandalizan y hacen parte del día a día, en su momento fueron monstruos conceptuales, blasfemias intolerables, locuras de lunáticos, manifestaciones de mentes descuadernadas y arrogancias merecedoras del castigo, de la horca y del desprecio.Pues es así, como la humanidad progresa, como se acumula el conocimiento, como se aprende y, también, como se prueban las verdades. Las herejías que pasan la prueba ascienden entonces para convertirse en luz y conocimiento renovador. Y como es apenas obvio, para que las herejías prosperen y tomen esa fuerza de luz renovadora, se necesitan herejes.

Las herejías necesitan de mujeres y hombres con capacidad, la voluntad y la decisión de romper paradigmas y ponerse al frente de una nueva forma de ver las cosas. Si quieren realmente sentir la vida y hacerla llena de contenido, antes que abogados, profesores, ingenieros, ¡sean herejes!De mucho seguirle la pista a estos temas, de mucho estudiar las herejías y a sus protagonistas, los herejes, he ido conformando un catálogo de las cualidades que debe tener un buen hereje. Con seguridad, se trata de un listado preliminar e incompleto, pero es una buena base de las virtudes esenciales para llegar a ser un hereje exitoso. No puedo dejar pasar esta oportunidad y esta audiencia sin ofrecer algunas ideas para construir el "decálogo del buen hereje".

En primer lugar, el hereje debe ser irreverente. Pero no se debe confundir la irreverencia con el irrespeto, el insulto o la blasfemia. La irreverencia es la capacidad de escaparse de lo convencional, de dejar de mirar lo que rodea con la convicción de su inmutabilidad, la habilidad para ir más allá de las propuestas y las soluciones trilladas. En la irreverencia está, en últimas, la capacidad de cuestionar, de criticar y de disentir.

En segundo lugar, el buen hereje debe ser testarudo. Pero no se debe confundir la testarudez con la terquedad. La testarudez es, en últimas, la manifestación en la acción de la firmeza de las convicciones. No se derrumban universos, no se asaltan los castillos amurallados del saber convencional, sin una muy buena dosis de esa testarudez que nace de haber visto las cosas de una forma nueva. La herejía no es tarea para quienes carecen de esa virtud.

En tercer lugar, el hereje debe ser apasionado. Pero la pasión no es la euforia o la alocada gesticulación de una discusión acalorada. La pasión es esa capacidad espiritual, ese ardor guerrero, capaz de comprometer todas las energías en un propósito.

En cuarto lugar, no hay herejía sin reflexión. Reflexionar, sopesar, contemplar y analizar son actitudes decisivas para que un hereje tenga éxito. Es de ese proceso intelectual donde surge la capacidad de discernir los vacíos, las fortalezas y las debilidades de la muralla que se quiere derruir.

En quinto lugar, el hereje debe ser ante todo audaz. Pero la audacia no es lo mismo que la irresponsabilidad. La audacia es la voluntad de apostarle a las convicciones, es la capacidad de jugarse la vida aun sabiendo que se puede perder y que los desafíos son superiores a nosotros mismos.

En sexto lugar, un buen hereje necesita de una vocación de entrega. El egoísmo, el individualismo, el mesianismo y el caudillismo son los peores enemigos de la herejía. La entrega a la causa, el compromiso personal sin esperar contraprestaciones distintas a aportar para cambiar el mundo, son la marca que distingue al hereje del charlatán.

En séptimo lugar, un buen hereje debe ser humilde. No solo parecerlo. Y ser humilde, en este caso, es no tener miedo a reconocer que se equivocó, a reconocer el error, y tomar todas las medidas para cambiar el rumbo. El hereje, el verdadero hereje, debe ser capaz de corregir.

En octavo lugar, el hereje debe ser eficaz, porque no basta con el idealismo para lograr la victoria.

El noveno mandamiento de la herejía es la sinceridad. La mentira, el engaño y la truculencia son las artimañas de quienes carecen de los argumentos de la verdad, de quienes se saben derrotados en la contienda de los conceptos y la claridad.

El décimo mandamiento es el de la serenidad. La herejía puede darse el lujo de esperar por que sabe que el cambio en la historia es ineludible. El buen hereje sabe cabalgar las olas del tiempo y catalizar la infinita paciencia que da la certidumbre de la nueva verdad.Este es un mundo al que le hacen falta muchos herejes.

Hay síntomas de que el pasado y la sabiduría convencional han dejado de ser suficientes para resolver los desafíos. Es una coyuntura donde se agotaron los paradigmas. Es la oportunidad para hacer historia. Esas coyunturas no son muchas, no la dejemos pasar (...)

1 que contestan:

OMAR FRANCISCO dijo...

El decàlogo por ser una forma de normalizar, y hasta de limitar y esclavizar el "ser" humano; entonces,es algo que un hereje no debe tener en cuenta.

Quisiera agregar otra caracterìstica del ser hereje, el estar ne continua crisis, no confundir crisis con feroces depresiones, que generan estancamientos.

Omar